Revista de Historia, Patrimonio, Arqueología y Antropología Americana  
http://rehpa.net/ojs/index.php/rehpa  
Año 2021, No. 4, Enero (22-35)  
ISSN: 2697-3553  
https://doi.org/10.5281/zenodo.4322008  
(
Re)visitando los conceptos de episteme y discurso en Foucault  
(
Re)visiting the concepts of episteme and discourse in Foucault  
Andrés Abad1  
1Escuela Politécnica Nacional, Ecuador (andres.abad@epn.edu.ec)  
ORCID 0000-0001-8834-0218  
Recibido: 5 septiembre 2020; Aceptado: 12 noviembre 2020; Publicado: 2 enero 2021  
Resumen  
Este artículo de reflexión es un texto introductorio sobre los conceptos de episteme y discurso en Michel  
Foucault. Para Foucault el concepto de episteme se relaciona con la sociedad, sus discursos y sus prácticas; en  
contraste, los paradigmas, para Kuhn, están enlazados con las comunidades científicas y las ciencias de la  
naturaleza. Desde una mirada epistemológica, el texto habla acerca del lenguaje en la obra de Foucault,  
considerando el concepto de discurso, las formaciones y prácticas discursivas. Estas reflexiones teóricas, que  
aportan a la comprensión de los fenómenos sociales y organizacionales, forman parte de la tesis doctoral del  
autor sobre cultura organizacional.  
Palabras clave: Foucault, episteme, discurso, prácticas discursivas, Kuhn.  
Abstract  
This reflection article is an introductory text on the concepts of episteme and discourse in Michel Foucault. For  
Foucault, the concept of episteme is related to society, its discourses and its practices; in contrast, paradigms, for  
Kuhn, are linked to scientific communities and the natural sciences. From an epistemological point of view, the  
text talks about language in Foucault's work, considering the concept of discourse, formations and discursive  
practices. These theoretical reflections, which contribute to the understanding of social and organizational  
phenomena, are part of the author's doctoral dissertation on organizational culture.  
Keywords: Foucault, episteme, discourse, discursive practices, Kuhn.  
INTRODUCCIÓN  
Kuhn estudió la parte emergente, la que se ve […] Foucault  
trató de ver la parte sumergida del iceberg: las prácticas  
sociales, los intereses, el deseo y las luchas de poder” (Díaz,  
2007b, p.80).  
Este trabajo es de carácter reflexivo sobre los conceptos de episteme y discurso en la obra del pensador francés  
Michel Foucault, partiendo de una perspectiva comprensivista y basado en autores posmodernistas y  
posestructuralistas, entre otros. Se parte de una reflexión sobre epistemología en las Ciencias Sociales, que se  
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refiere al conocimiento del conocimiento, o a la ciencia de la ciencia. La disciplina epistemológica ausculta los  
supuestos desde donde se generan y se construyen los conocimientos de carácter científico. Esther Díaz mira  
una analogía entre la epistemología con la crítica del arte; y, a su vez, entre el objeto científico con el fenómeno  
estético. Ella menciona: “el artista produce una obra de arte, el crítico la analiza. El científico produce teorías y  
prácticas científicas, el epistemólogo reflexiona sobre ellas” (Díaz, 2007a, p.18).  
La tesis central del libro Las palabras y las cosas (Foucault, 1968) relata que la forma primordial para acceder a  
los conocimientos sólidos en la modernidad era la representación. Es decir, el conocimiento científico de la  
realidad se refleja como en un espejo, y es así como se la representa. Esta manera de concebir la realidad, que  
se sustentaba en la visión del modelo fisicomatemático newtoniano, comenzó a debilitarse después. Foucault  
consideraba que en el siglo XIX se produjo una ruptura epistémica:  
la representación le estaba dejando su lugar a la historicidad. La incidencia de la historia comenzó a considerarse  
en los procesos estudiados por la ciencia […]. De modo tal que, si bien la representación (como modo de acceso al  
conocimiento) fue eficaz y lo sigue siendo para estudiar varios aspectos de la realidad, dejó de ser hegemónica”  
(
Díaz, 2007b, p.77).  
Dos versiones sobre la naturaleza de las ciencias sociales se han enfrentado entre sí, y que se relacionan con el  
interrogante de ¿cómo se conceptualiza el mundo social?, pues cada una supone una idea paradigmática de  
ciencia y, a la vez, una manera particular de entender el conocimiento científico. O bien se pretende explicar o  
bien comprender; las versiones que pretenden explicar olvidan su vínculo con la realidad del mundo de la vida  
cotidiana; las que comprenden, expresan su dimensión con una incursión reflexiva sobre el conocimiento. En  
consecuencia, “se trata de la interpretación naturalista o explicativista, y de la hermenéutica o comprensivista”  
(
Pardo, 1997, p.89). Este texto articula la visión epistemológica comprensivista de las ciencias sociales con el  
episteme y el discurso, conceptos presentes en la obra de Foucault.  
METODOLOGÍA  
Por tratarse de un artículo de reflexión, se sitúa en el paradigma comprensivista o interpretativo en la  
investigación social. Se ha recurrido a una exhaustiva revisión bibliográfica y documental sobre el tema,  
priorizando para ello literatura correspondiente a obras que se encuentran en las bases de datos digitales y en  
textos clásicos. Se partió de la pregunta: ¿cómo comprender las categorías de episteme y discurso en Foucault  
desde un marco epistemológico en las ciencias sociales? La lógica en el procedimiento de revisión de la literatura  
partió de los conceptos de epistemología y ciencias sociales, para proseguir con reflexiones sobre el leguaje y el  
discurso en la obra de Foucault.  
RESULTADOS  
Wallerstein (1996, p.4) señala que las ciencias sociales se consolidaron como una “empresa del mundo  
moderno”, desde que la razón modernista asumió el discurso del progreso para llenar el vacío dejado por la  
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teología. El autor identifica los dominios científicos naturales y sociales cuando expresa que, a diferencia del  
mundo establecido por las ciencias naturales, el ámbito de las ciencias sociales es un campo en que el objeto de  
estudio incluye tanto a los propios investigadores como a las personas estudiadas que “pueden dialogar o discutir  
en varias formas con esos investigadores” (Wallerstein, 1996, p.55). Por consiguiente, la producción de teoría  
social se inclina hacia una reflexión epistemológica que construye conceptos sobre la naturaleza del  
conocimiento, e incorpora temas que van más allá de lo estrictamente formal; esto significa incluir aspectos a la  
historicidad, la neutralidad ética y la responsabilidad moral del conocimiento científico.  
En las ciencias sociales contemporáneas ha aparecido una cantidad ingente de paradigmas y teorías que han  
permitido, a su vez, el florecimiento de nuevas vertientes de reflexión, o la reaparición de senderos ya conocidos,  
a través de los cuales los científicos sociales advierten los dilemas que la razón clásica dejó sin resolver, tal como  
lo sostiene Ianni (2005), que revitaliza los contrastes existentes entre la inducción cualitativa y la deducción  
cuantitativa; en otras palabras, entre el “ascetismo metodológico” y el “complejo de la exactitud”:  
En las ciencias sociales contemporáneas se multiplican las teorías y los paradigmas consagrados a señalar los  
dilemas que no fueron resueltos por los clásicos. Las rupturas y revoluciones que afectaron a la “tradición  
logocéntrica”, habrían provocado la decadencia de los “grandes relatos”, explicaciones comprensivas o teorías  
globales, dando origen a las epistemologías regionales, a los paradigmas “incendiarios”, a las epistemes  
circunstanciales. El escepticismo ante los grandes relatos, de alcances históricos, ha llevado a diversos científicos  
sociales a la búsqueda de otros caminos, a proponer nuevas vías, para explicar o comprender la realidad (p. 66).  
No obstante, algunas visiones positivistas en la teoría social (que se convierten en funcionalistas y utilitaristas)  
son además hegemónicas. En esta indagación, el concepto de hegemonía tiene el sentido dado por Antonio  
Gramsci [1891-1937], que en sus Cuadernos de la cárcel lo asocia a una forma de dominación relacionada con el  
poder, y como una manera particular de ver el mundo, la naturaleza y las relaciones humanas. El concepto de  
hegemonía proviene del griego hegemon que significa líder: el que ejerce el poder.  
Gramsci sugiere que la hegemonía implica que los valores y visión del mundo de las clases dominantes se convierten  
en una especie de ‘sentido común’ compartido por los grupos dominados, en virtud del cual terminan aceptando  
aunque no necesariamente justificando el ejercicio del poder por parte de los grupos dominantes” (Aguirre,  
2009, p.124).  
Desde estos preceptos, es pertinente profundizar sobre el discurso de Foucault.  
El episteme (Foucault) y el paradigma (Kuhn)  
Desde una “arqueología del saber”, Foucault (1968; 1970) desarrolló el concepto episteme, que podría  
compararse y contrastarse con la noción de paradigma en Kuhn. Foucault no es considerado un epistemólogo  
propiamente, sino un filósofo de la cultura, él reflexiona sobre la ciencia como un acontecimiento cultural y sobre  
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la naturaleza del saber humano. Su episteme “hace referencia a las condiciones de posibilidad de los saberes  
sólidos contenidos en una época histórica determinada” (Díaz, 2007b, p.76).  
Los paradigmas para Kuhn (1962) están estrechamente ligados con las denominadas comunidades científicas; es  
decir, el énfasis recae en la ciencia. Para Foucault (1968), los epistemes se relacionan con la sociedad, sus  
discursos y sus prácticas, en los “que la ciencia juega el rol de rectora de la verdad” (Díaz, 2007b, p. 79).  
Adicionalmente, la mayor reflexión epistemológica de Kuhn (1962) se vincula con las ciencias de la naturaleza,  
porque, ciertamente, es tarea difícil el obtener un saber consensuado por parte de las comunidades científicas,  
menos en el ámbito de lo social.  
Tanto la noción de paradigma, como la de episteme, se entienden dentro de una época específica; el primero es  
exclusivamente científico (aunque posteriormente se lo utilizó en otros sentidos) el segundo, es científico social.  
Díaz (2007b) señala: “Si imaginamos la ciencia como un iceberg, Kuhn estudió la parte emergente, la que se ve  
[
…]. Foucault trató de ver la parte sumergida del iceberg: las prácticas sociales, los intereses, el deseo y las luchas  
de poder” (p.80).  
Foucault enfoca su análisis en las ciencias sociales, con las cuales es factible estudiar las relaciones de poder que  
subyacen en los diversos ámbitos de la realidad social. Díaz (2007b) sostiene que la “coincidencia más estrecha  
entre las dos posturas aquí analizadas es, posiblemente, el rechazo a leer la historia de la ciencia como la historia  
del progreso de la racionalidad” (p.79). Kuhn logró traspasar la reflexión de la estructura interna de las disciplinas  
hacía una relación con el exterior de ellas, desde un sentido histórico; en cambio, Foucault privilegió la reflexión  
sobre “las condiciones de posibilidad para que unos discursos accedan al estatus de verdaderos, en detrimento  
de otros que se transforman o se olvidan para siempre” (Díaz, 2007b, p.79).  
Lo que evidencia Foucault como fractura epistémica es, por supuesto, distinta a la crisis de los paradigmas de  
Kuhn (1962). En el inicio de su etapa intelectual llamada “arqueológica”, Foucault recurre a la explicación del  
cuadro Las Meninas de Velázquez, para ilustrar que en la modernidad el único conocimiento que se consideraba  
como verdadero se sustentaba en un modelo científico fisicomatemático, que permitía entender la  
representación de la realidad, a partir de dos niveles: el primero, que señala que solo se puede conocer la realidad  
por la representación misma; el segundo, que el conocimiento solo se representa por medio de la elaboración  
de leyes universales. En relación con el célebre cuadro de Velázquez, citamos esta reflexión:  
Las Meninas: como representación de la realidad (lo que ocurría en el salón representado) y como duplicación de  
la representación (la representación del reflejo de lo real en el espejo). En ciencia, esto se traduce así: el objeto de  
estudio representa (se recorta una porción del mundo a estudiar) y se enuncian fórmulas, modelos y axiomas (se  
duplica la representación). Lo formal le otorga consistencia al conocimiento científico y lo torna “más confiable”  
que la observación directa de los fenómenos que relaciona (Foucault apud Díaz, 2007a, p.15).  
En el pensamiento de Foucault los postulados teóricos sobre las formaciones y prácticas discursivas se  
desarrollan a lo largo de toda su obra, principalmente en lo que se conoce como su etapa “arqueológica”. En el  
ejercicio de la hegemonía hay una compleja red de relaciones entre dominación y resistencia, similar a lo que  
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Foucault (1979) señalaría en su obra Microfísica del poder (Microphysique du pouvoir), en la que aclara las  
relaciones entre poder y resistencia:  
Que no existen relaciones de poder sin resistencias; que estas son más reales y más eficaces cuando se forman allí  
mismo, donde se ejercen las relaciones de poder; la resistencia al poder no tiene que venir de fuera para ser real,  
pero tampoco está atrapada por ser la compatriota del poder (Foucault, 1979, p.171).  
De esta manera, cuando se habla acerca de la hegemonía del funcionalismo en las ciencias sociales (Falcão Vieira  
&
Caldas, 2006), basándose en lo descrito anteriormente, significa que hay un proceso de dominación ideológica  
por parte de esta visión positivista, que es aceptada de manera pasiva por los grupos subalternos que se  
relacionan con los estudios de fenómeno social y organizacional, que admiten como una especie de “sentido  
común” aceptado por la mayoría; por tanto, terminan justificando el ejercicio del poder. Este tipo de dominación  
asumirá una manifestación también en el discurso que, por medio de sus prácticas discursivas, tendrá incidencia  
en el contexto social.  
El positivismo y el funcionalismo distinguen la separación epistemológica entre sujeto y objeto, esto significa que  
la apropiación conceptual del mundo se encuentra distanciada de quien quiere transformarlo; esta es la imagen  
de la “crisis de la representación” (Foucault, 1968), en la que el objeto se ve reflejado como espejo en la teoría y  
no construido socialmente por los sujetos (Berger & Luckmann, 2001). Esta lógica positivista, llamada en el  
posmodernismo como “crisis de la representación”, se replica en la investigación, que se aproxima a la realidad  
en función de los procesos (supuestamente objetivos) por intermedio de la racionalidad del ser humano que  
concibe supuestamente la ciencia bajo un dominio de lo “neutral”.  
Desde el punto de vista epistemológico, el funcionalismo y positivismo en las ciencias sociales identifican las  
disfunciones en las situaciones de análisis e intentan proponer soluciones pragmáticas; en esta lógica, la  
validación científica incurre en el descubrimiento del modo de funcionamiento de los sistemas que estudian y,  
en caso de producirse disfuncionalidades, se proponen restituir la funcionalidad del conjunto (Aktouf, 2001). Este  
lente de pensamiento señala que a todo elemento cultural le corresponde una función, y a toda función un  
elemento. Una aclaración se vuelve necesaria sobre la estrecha relación y sinonimia entre el posmodernismo y  
el posestructuralismo; de hecho, se sobreponen en sus aspectos ontológicos y epistemológicos debido a su  
evidente contraposición al positivismo. Si bien Agger (1991) está de acuerdo con la elusiva dificultad de  
separarlos, esclarece las perspectivas y propone que “el posestructuralismo (Derrida y el feminismo francés) es  
una teoría del conocimiento y del lenguaje, en cambio el posmodernismo (Foucault, Barthes, Lyotard, Baudrillard)  
es una teoría de la sociedad, la cultura y la historia (p. 105, énfasis añadido).  
Para Hassard (1999, p.172) la perspectiva posmodernista como “nueva” teoría social se dedica a “desmontar la  
gran narrativa del funcionalismo y reemplazarlo con significados y métodos que se refieren a lo local”, y con este  
sentido relativista se pueden ampliar las formas de dar sentido a los temas administrativos. Además, con el  
concepto de “descentramiento” (Derrida apud Cooper 1989), la indagación de la realidad se ubica en el lenguaje  
del “otro”.  
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Hassard (1999) advierte que la epistemología posmodernista sugiere que el mundo está constituido por un  
lenguaje compartido, que es posible conocerlo por medio de un discurso particular; por tanto, se reconoce la  
naturaleza elusiva del lenguaje, no para crear un metadiscurso, sino para explicar otras formas de lenguaje, como  
respuesta al absolutismo lingüístico del modernismo; es decir, está en contra de las posiciones reduccionistas.  
La aproximación posmoderna enfatiza la habilidad de criticar y sospechar de las presunciones intelectuales  
(
reflexividad).  
Consideraciones sobre el concepto de discurso en Foucault  
El estudio del lenguaje es uno de los campos recientes y luminosos de las ciencias sociales, apareció como parte  
del llamado giro lingüístico (Rorty, 1967) en la filosofía de Occidente, y sostiene “que el lenguaje o el discurso  
representa el límite de la investigación filosófica en la verdad, o que no existe nada fuera del lenguaje” (Macey,  
2001, p.231). El concepto discurso está relacionado, semánticamente, con lo que el Diccionario de la Real  
Academia Española (DRAE) define en su quinta y séptima acepción, respectivamente, como una “serie de las  
palabras y frases empleadas para manifestar lo que se piensa o siente”, y en el sentido de “doctrina, ideología,  
tesis o punto de vista” (DRAE, 2014).  
El concepto de discurso ha sido tratado desde un sinnúmero de perspectivas y se ha utilizado de diferente manera  
conforme el abordaje que pretenden los distintos autores con sus investigaciones. De este modo, en el marco de  
las ciencias humanas y sociales ha sido usado frecuentemente de una manera vaga, llegando a definirse como  
sinónimo de “ideología”. Debido a la influencia del uso francés del término, actualmente tiene una definición  
polisémica como “fenómeno supra lingüístico” (Macey, 2001, p.100).  
Todorov (1981) precisa que existe una distinción entre la lengua y el discurso; la primera “existe en abstracción  
con un léxico y unas reglas gramaticales”, en el segundo, se nota una “manifestación concreta de una lengua, y  
se produce necesariamente en un contexto particular”. Esto establece que en el discurso no se trata simplemente  
de “frases” sino de “frases enunciadas”, llamados específicamente enunciados; el autor añade que en las frases  
existe solamente “significación” y, en los discursos, “sentido” (p.9).  
Zecchetto (2002) postula la distinción entre el texto y el contexto; en el primero, el estudio se concentra en el  
cuerpo del texto, a sus propiedades o categorías sintácticas o semánticas”; en el segundo se “expresan  
condiciones sociales de producción, los procesos y las prácticas”; en suma: “el texto es el discurso antes de  
insertarse en el contexto” (p.186). En esta polisemia de definiciones, ilustra el concepto dado por Foucault (1970)  
en su obra La arqueología del saber (L’Archéologie du Savoir):  
En fin, en lugar de restringir poco a poco la significación tan flotante de la palabra “discurso”, creo haber  
multiplicado sus sentidos: a veces dominio general de todos los enunciados, a veces un grupo individualizable de  
enunciados, a veces una práctica reglada que da cuenta de un cierto número de enunciados; y esta misma palabra  
discurso” que debía servir de límite y como envoltura al término enunciado (p.106).  
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Spink y Medrado (1997, p.43) también mencionan que el discurso se refiere a las regularidades lingüísticas o al  
uso institucionalizado del lenguaje y de sistemas de señales de tipo lingüístico”, y que este proceso puede  
referirse tanto a los niveles macro de los sistemas políticos como al nivel más restringido en determinados grupos  
sociales; así los diversos grupos sociales tienen sus propios discursos y como también las diferentes estructuras  
hegemónicas de poder. Esta institucionalización de los discursos da una tendencia de permanencia en el tiempo,  
aunque el contexto histórico pueda provocar cambios en estos.  
En el modo posmoderno del discurso, según Harris (2000, p.156) los “problemas de la sociedad no deben  
explicarse en lo sucesivo en función del modo de producción, sino del modo del discurso, y la generación de  
conocimiento se considera más importante que la producción de bienes y servicios”. En el ámbito organizacional  
se estudian los medios para controlar los discursos con objeto de lograr cambios en las prácticas discursivas para  
establecer una ingeniería de cambio social, y promover una visión funcionalista de los procesos administrativos,  
donde una “práctica discursiva” es dependiente de entrenamientos a los empleados para imponer una visión  
vertical y hegemónica.  
En la primera mitad del siglo XX, en Europa el lingüista Ferdinand de Saussure [1857-1913] y en EUA el filósofo  
Charles Pierce [1839-1914] establecieron los cimientos para el estudio de las relaciones entre los significados de  
una lengua y sus referentes, especialmente sobre la mediación que cumple el lenguaje en la representación de  
la realidad, que luego habrían de profundizar lingüistas rusos como Valentín Voloshinov [1895-1936] y Mijaíl  
Bajtín [1895-1975] quienes pusieron en evidencia la dimensión social del lenguaje, lo que permitió las discusiones  
sobre la noción de discurso (que trae implícito una connotación ideológica) manifestándose en una determinada  
práctica discursiva. Esto conlleva la incursión de la lengua en el terreno de lo político y social, tal como lo  
postulara, entre otros, Foucault (2010) que transparenta las relaciones entre texto y contexto, junto con las  
relaciones entre el saber y el poder:  
Por más que en apariencia el discurso sea poca cosa, las prohibiciones que recaen sobre él revelan muy pronto,  
rápidamente, su vinculación con el deseo y con el poder el psicoanálisis nos lo ha demostradono es simplemente  
lo que manifiesta (o encubre) el deseo; es también el objeto del deseo; pues la historia no deja de enseñárnoslo–  
el discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que,  
y por medio de lo cual se lucha, aquel poder de que quiere uno adueñarse (p.15).  
La contribución de Foucault, menciona Fairclough (1993), es sustancial para abordar una teoría social del discurso  
y, de manera particular, la relación entre discurso y poder; además, habla sobre la construcción discursiva de los  
sujetos sociales y su implicación en el cambio social. Así, es desde el posestructuralismo y la hermenéutica, cómo  
se explican que las prácticas discursivas constituyen el saber de una determinada disciplina y establecen las  
condiciones de su propia transformación.  
En el libro Ideología y discurso, Van Dijk (2003, p.16) confiere al discurso un “papel fundamental en la expresión  
y reproducción diaria de las ideologías”, y que, a su vez, estas se legitiman por aquel; para el autor, la ideología  
(
entendida de manera general como las ideas de los grupos sociales y movimientos) es el fundamento de las  
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