Revista de Historia, Patrimonio, Arqueología y Antropología Americana  
http://rehpa.net/ojs/index.php/rehpa  
Año 2021, No. 4, Enero (36-49)  
ISSN: 2697-3553  
https://doi.org/10.5281/zenodo.4515099  
Proceso social de lucha en Guatemala: Una mirada histórica al departamento  
1
de Huehuetenango  
Social process of struggle in Guatemala: A historical look at the Huehuetenango  
department  
Selvin Torres Hernández1  
1Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales (selvintorreshernandez@gmail.com)  
ORCID 0000-0002-5798-8174  
Recibido: 25 octubre 2020; Aceptado: 30 noviembre 2020; Publicado: 2 enero 2021  
Resumen  
El presente trabajo busca adentrarse a la historia de levantamientos e insubordinación por parte de los pueblos  
indígenas en el departamento de Huehuetenango en Guatemala. Explorar y comprender las dinámicas de lucha  
a partir de la revitalización de procesos organizativos permite una mirada del territorio y de las formas de  
resistencia como parte de la defensa de sus formas de vida. El artículo busca explorar la memoria de los pueblos  
y lo que une la memoria revolucionaria con la memoria actual, es decir una memoria de lucha y defensa. Se  
plantea proporcionar rasgos que vinculan los procesos de lucha social y política en la historia del norte de  
Huehuetenango con el actual periodo de posguerra, en donde las dinámicas y procesos sociales y políticos van  
cambiando, pero donde la memoria y los procesos de lucha continúan. Por tanto, el artículo plantea identificar  
aquellos momentos que permitieron adentrarnos a todo un proceso social de lucha, que no es espontáneo, sino  
es parte de un proceso que tiene sus raíces en la historia de los pueblos, en no quedarse callados y enfrentarse  
a todo aquello que los reprime y los invisibiliza.  
Palabras clave: Proceso social de lucha, territorio, pueblos indígenas, Huehuetenango, Guatemala.  
Abstract  
This work seeks to examine the indigenous peoples of Guatemala’s Huehuetenango Department’s history of  
uprisings and defiance. Through an exploration and understanding of the dynamics of struggle arising from a  
revitalization of organizational processes, the article provides a look at the territory and forms of resistance as a  
means of these peoples defending their way of life. The article seeks to explore the memory of these peoples, and  
the way in which revolutionary memory is united with current memory through a shared memory of struggle and  
defense. In doing so, it proposes features that link the processes of Huehuetenango’s history of social and political  
1
El artículo forma parte del desarrollo de la tesis de pregrado Luchas por la defensa del territorio y los bienes naturales.  
Represión, criminalización y judicialización en el norte de Huehuetenango (2006-2016), defendida en 2017. El problema  
general surgió de la necesidad de analizar la conflictividad social y los actuales procesos de criminalización y judicialización  
en el norte de Huehuetenango. Para ello fue necesario hacer un recorrido histórico de aquellos procesos de lucha social y  
política del departamento que permiten interpretar las actuales resistencias en defensa del territorio.  
*Una versión resumida de este trabajo fue presentada en el XI Seminario Internacional Políticas de la Memoria. Memorias  
subalternas, memorias rebeldes, 4, 5 y 6 de octubre de 2018 en Buenos Aires, Argentina.  
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struggle in the north with the current post-war period, where the dynamics of social and political processes are  
changing, but where memory and the means of struggle continue. This article therefore identifies the moments  
that allowed us to enter a greater social process of struggle, which was in no way spontaneous, but instead part  
of a process with roots in the history of these communities’ refusal to remain silent, face oppression, and become  
invisible.  
Keywords: Social process of struggle, territory, indigenous peoples, Huehuetenango, Guatemala  
INTRODUCCIÓN  
El territorio es parte de nuestra identidad, de lo que hay en el territorio se configura nuestro idioma, nuestras prácticas,  
nuestras costumbres, nuestras formas de convivencia, nuestras normas, nuestras autoridades, todo surge en ese contexto  
territorial. Estamos vinculados profundamente con la tierra, con el territorio, porque ahí nacen nuestros conceptos,  
nuestras ideas, nuestra filosofía”.  
(
Líder comunitario, 2016)  
El departamento de Huehuetenango, localizado en el noroccidente de Guatemala y atravesado por la Sierra de  
los Cuchumatanes, es el tercer departamento con mayor población del país, después de los departamentos de  
2
Guatemala y Alta Verapaz . Cuenta con 33 municipios y alrededor de todo el territorio conviven nueve pueblos  
mayas (mam, tektiteko, popti’, chuj, q’anjob’al, akateko, awakateko, chalchiteko y k’iche’). El departamento  
posee una gran diversidad cultural, ambiental y una historia de lucha en defensa de la vida, del territorio y de los  
bienes naturales. La historia de Huehuetenango ha estado marcada por una serie de procesos y dinámicas desde  
la colonia hasta la actualidad, en donde los pueblos indígenas se han enfrentado a la explotación, el despojo, la  
discriminación y la violencia por parte del Estado.  
El siguiente artículo busca reflexionar sobre los hechos que permitieron abrir la historia de lucha en el norte de  
Huehuetenango. Nos referimos al norte de Huehuetenango a los municipios de Santa Eulalia, Santa Cruz Barillas  
y San Mateo Ixtatán, municipios que en la actualidad están en la defensa de sus bienes naturales ante la  
implementación de varias hidroeléctricas en sus territorios. Se plantea explorar la manera en cómo los pueblos  
indígenas rechazaron las desigualdades y las formas violentas de opresión a lo largo de los años. Para ello se  
realizará un recorrido histórico desde la colonia, la lucha revolucionaria y la relación con las formas organizativas  
en la actualidad.  
Los actuales procesos organizativos en torno a la defensa del territorio no pueden ser aislados de los anteriores  
procesos de lucha en la historia del norte de Huehuetenango. El identificar algunos rasgos de estos procesos  
permite visibilizar la lucha de los pueblos y su continuidad en relación con las demandas de su autodeterminación  
y, por ende, de su relacionamiento con el Estado guatemalteco. Por tanto, es un esfuerzo de reflexión de  
procesos organizativos en diferentes temporalidades, pero con una misma historia de lucha que vincula  
motivaciones, identidades, culturas y cosmovisiones.  
2
1
.170.669 habitantes según el XII Censo Nacional de Población y VII de Vivienda, Instituto Nacional de Estadística (INE, 2018).  
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METODOLOGÍA  
La metodología de este artículo se basó en la recopilación de fuentes secundarias a través de investigaciones e  
informes que permitan dar cuenta y rastrear la historia de los pueblos en la región de Huehuetenango. Para ello  
se revisó e indagó en la historia del departamento para establecer una línea narrativa particularmente en el  
noroccidente del país para la reconstrucción del proceso social de lucha en Guatemala con una mirada en  
específico del departamento de Huehuetenango.  
Al tratarse de un artículo de reflexión, se busca identificar el proceso social de lucha en el pasado, lo que podemos  
denominar como la historia larga. Esto nos permite adentrarnos a lo que hoy está pasando en los territorios, es  
decir, la historia reciente. El objetivo no es relatar toda la historia de lucha y profundizar en sus especificidades,  
en su lugar, se plantea identificar aquellos momentos que permitieron adentrarnos a todo un proceso social de  
lucha que se relaciona con una serie de identidades culturales, de defensa y procesos de insubordinación contra  
todo aquello que amenaza la vida y el territorio. La lucha, por tanto, no es espontánea, es un proceso que tiene  
sus raíces en la historia de los pueblos, en no quedarse callados y enfrentarse a todo aquello que los reprime y  
los invisibiliza.  
LA LUCHA HISTÓRICA DEL DEPARTAMENTO DE HUEHUETENANGO  
Desde la invasión española, los pueblos de Guatemala se han enfrentado a una lucha por defender sus territorios  
y sus formas de vida. Para el caso del departamento de Huehuetenango, George Lovell (1994) refiere que la  
España Imperial encontró resistencia al incorporar a los pueblos de los Cuchumatanes en una relación de  
conquista. Las guerras, a partir de la invasión, dieron paso a que los españoles empezaran a fijar su atención en  
la posibilidad de enriquecimiento que les ofrecía la tierra y los pueblos que tenían contemplado conquistar. Esta  
época estuvo caracterizada por el despojo de tierras con el propósito de la consolidación de la conquista  
económica (Martínez, 1998). De acuerdo a Severo Martínez (1998), los rasgos que caracterizaron este proceso  
son: a) la lucha armada como medio y recurso para el sometimiento económico; b) el despojo de las fuentes de  
riqueza (apropiación de tierras) y el sometimiento a la esclavitud; y c) la evangelización como sometimiento  
ideológico, necesario para la consolidación de la conquista económica.  
En la Sierra de los Cuchumatanes hubo campañas dirigidas por los españoles, principalmente contra la capital  
mam de Huehuetenango, los sitios ixiles de Nebaj y Chajul y el sitio quiché de Uspantán. La fase militar en la  
Sierra de los Cuchumatantes no aseguró la sumisión al orden y a las disposiciones que España trató de imponer  
(Lovell, 1994), constituyó por tanto, un proceso de constantes rebeliones indígenas, de motines (brotes de  
rebeldía india bajo la opresión colonial) que no fueron accidentes del sistema, “sino fenómenos consubstanciales  
al mismo, que lo conservaban en tanto que funcionaban como válvulas de escape del disgusto social (…) porque  
eran explosiones de descontento” (Martínez, 1985, p.46).  
El motín era una iniciativa súbita condenada de antemano a la represión y castigo, pero inevitable y necesaria  
para suprimir las manifestaciones más agudas de la opresión (Martínez, 1985). Estas manifestaciones en el norte  
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de Huehuetenango permiten entender el origen de las resistencias y las variadas acciones de protesta, pero  
también permite interpretar los múltiples hechos de violencia y represión hacia poblaciones indígenas. Martínez  
(1998) refiere que el periodo colonial fue caracterizado por un régimen de terror. En sus textos La Patria del  
Criollo (1998) y Motines de Indios (1985), Severo Martínez Peláez desarrolla los procesos coloniales y una  
interpretación de las causas estructurales de la violencia colonial y la comprensión de las raíces coloniales del  
terror (Figueroa, 2002). No se limita a analizar los motines y hacer una teorización acerca de estos, sino permite  
ir más allá y se convierte en aseveraciones generales acerca de la violencia, la obediencia y la rebelión.  
El terror colonial se estableció sobre ciertas premisas que eran, naturalmente, las premisas de la sociedad colonial.  
Primera: una población indígena aprisionada en un régimen económico que le cerraba toda posibilidad de superación.  
Segunda: darle a los indios únicamente aquellos elementos de cultura que fueran absolutamente indispensables para  
llevar adelante su explotación compensando con el número y la violencia el bajo rendimiento de una masa  
trabajadora sumida en una enorme inferioridad de recursos materiales e intelectuales. Sobre esas bases, y en función  
de ellas, el terror colonial actúo (Martínez, 1998, pp.427-428).  
Para Lovell (1995a), a pesar de los esfuerzos coordinados y el interés de los españoles en la tierra y su régimen  
de propiedad en la Sierra de los Cuchumatanes, “la política colonial española nunca pudo lograr, ni  
materialmente, la completa separación de los indígenas de sus tierras ancestrales” (p. 359). Las disputas por la  
tierra continuaron en el periodo de la colonia, pero fue más característico en el siglo XVII ya que fue “a finales  
del periodo colonial cuando los indígenas comenzaron a recuperarse del colapso demográfico causado por la  
conquista, y adoptaron una mayor vigilancia para proteger sus terrenos” (Lovell, 1994, p.584).  
El proceso de independencia en 1821 no generó cambios en la estructura económica y social del país, por el  
contrario, mantuvo las mismas dinámicas y relaciones de la colonia principalmente a indígenas y campesinos. La  
independencia fue un proyecto político que beneficiaba a criollos y excluía a los pueblos indígenas y mestizos,  
consistió, por tanto, en un reacomodo de las relaciones sociales y del poder político en los procesos de despojo,  
concentración de tierras y el continuo de las formas coloniales de trabajo.  
El despojo de territorios se profundizó en todo el país durante la Reforma Liberal de 1871, que condujo a una  
disputa entre conservadores y liberales. Este periodo estuvo caracterizado por el impulso y auge económico  
principalmente en la agroexportación y producción del café a gran escala y una fuerte expropiación de tierras.  
En este sentido, “la tierra pasó de ser un patrimonio cultural a convertirse en un patrimonio económico, de ser  
algo comunal se transformó en un bien comercial” (Lovell, 1995b, p.366).  
Durante los regímenes de García Granados (1871-1873) y Justo Rufino Barrios (1873-1885) se dio un proceso de  
reformas en la política económica y social del país, incluyendo una legislación de tierras y una legislación laboral.  
De acuerdo a Martínez (1998), la legislación de tierras se desplegó en dos direcciones: la supresión gradual de  
las tierras comunales de los pueblos indígenas y la multiplicación de las empresas agrícolas en la facilitación de  
obtención de tierras por personas que tuvieran recursos económicos para convertirlas en fincas. Por su parte, la  
legislación laboral creó la normativa de la de servidumbre de los indígenas en función de los intereses de los  
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finqueros. A decir de Contreras (1995), el desarrollo de la economía cafetalera significó la expropiación de tierras  
comunales y venta de tierras baldías, la implantación del trabajo forzado a los campesinos indígenas y una mayor  
injerencia de intereses económicos foráneos en el país3.  
De acuerdo a Tejada (2002), la región selvática del norte de Santa Eulalia fue objeto de interés de terratenientes  
ladinos de Huehuetenango. A muchos se les había otorgado tierras en el río Ixcán, la mayor parte todavía no  
había sido ocupada, aunque existía el interés de ocuparlas y mantenerse autónomos del municipio indígena de  
Santa Eulalia. Para ello solicitaron al presidente Manuel Lisandro Barillas (1885-1892) la creación de un nuevo  
4
municipio (Tejada, 2002; Figueroa, 2012) , los primeros pobladores que se asentaron en el nuevo municipio  
5
fueron q’anjoba’les originarios de Jolom Konob’ (Santa Eulalia).  
Ante las desigualdades especialmente de la población indígena y campesina, y los abusos de los gobiernos  
autoritarios, las ansias de cambio y la búsqueda de procesos democráticos empezaron a gestarse a mitad del  
siglo XX. Durante los años de la dictadura de Jorge Ubico (1931-1944), se fue gestando el descontento y rechazo  
a las políticas de su gobierno, sumado a la crisis económica de 1929, condujo a que los últimos años se debilitara  
y se forjaran alianzas de varios sectores que buscaban su renuncia. Guerra Borges (2004) indica que para 1944 la  
historia ya había condensado todas las heridas, las frustraciones y las políticas asfixiantes de los primeros años  
del siglo XX. Es por ello que “la crisis de la economía sirvió como catalizador de otra de origen estructural. Con  
Ubico culminó un agrietamiento del sistema que se inició antes de él” (Guerra-Borges, 2004, p.17).  
Jorge Ubico fue elegido presidente en 1931, logró la reelección en dos ocasiones (1937 y 1943) tras  
modificaciones a la constitución y elecciones cuestionadas. Su gobierno se caracterizó por la concentración del  
poder, el continúo privilegio a empresas estadounidenses como la United Fruit Company (UFCO), la represión a  
todo tipo de oposición y manifestación en contra del gobierno y la promulgación de la Ley Contra la Vagancia.  
De acuerdo a Edelberto Torres-Rivas (2006), las dictaduras militares en los años de 1930 experimentaron una  
presión doble en el contexto de la segunda guerra mundial, lo que provocó lo que se ha llamado como crisis de  
la oligarquía6.  
Durante el periodo de la dictadura se reprimió todo tipo de organización social, se concentró el poder en grupos  
terratenientes, se restringieron derechos y se fomentó el trabajo forzoso de campesinos e indígenas; todo ello  
3
Cuando el café exigió tierras y mano de obra se instituyó de nuevo el trabajo forzado y se sacó a los indígenas de sus poblados  
que eran especie de reservas culturales. Hubo descontento y hasta rebeliones que fueron reprimidas drásticamente. La última  
de estas en el siglo XIX, ocurrió en San Juan Ixcoy, Huehuetenango, en julio de 1898, cuando Estrada Cabrera se estrenaba  
como presidente (Contreras, 1995, p. 191).  
4
El 22 de mayo de 1888 solicitaron la creación del municipio en base a los siguientes argumentos: 1) Que los ejidos de Santa  
Eulalia en tierra fría ‘eran grandes y suficientes’ para los indios que vivían allí; 2) Que los solicitantes ‘emplearía mejor las  
tierras’, en beneficio del desarrollo de la agricultura capitalista; 3) Que como Huehuetenango había apoyado militarmente la  
llegada al poder de Justo Rufino Barrios, el gobierno estaba obligado con ellos; y 4) Que al otorgárseles las tierras se permitiría  
la creación de un nuevo municipio, el cual funcionaría como un ‘destacamento militar’ para proteger la frontera con México,  
a lo largo del río Usumacinta (Lovell, 1995b, p.369).  
5
La comunidad lingüística Q’anjob’al se encuentra localizada en lo alto de la Sierra de los Cuchumatanes. Es una comunidad  
formada por los habitantes de los municipios de San Pedro Soloma, Santa Cruz Barillas, Santa Eulalia y San Juan Ixcoy.  
6
El término oligarquía refiere a una forma histórica de ejercicio de dominación política de clase, caracterizada por la  
concentración del poder en una minoría y la exclusión de la mayoría de la sociedad en los mecanismos de decisión política  
(
Ansaldi & Giordano, 2012).  
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conllevó a la articulación y participación de diversos sectores por el interés de la vida política. Tras las  
movilizaciones de junio de 1944 y la renuncia de Jorge Ubico, el 20 de octubre un movimiento cívico militar  
derrocó al gobierno de Ponce Vaides e instauró un período con grandes avances políticos y sociales para el país.  
El movimiento revolucionario estaba integrado por una corriente nacional de clase media y alta que reunía a  
estudiantes, profesionales, empresarios y militares.  
El periodo revolucionario en Guatemala (1944-1954) con la llegada de Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz a la  
presidencia, motivó el entusiasmo por lograr cambios profundos en el país a través de varios procesos de  
reformas políticas, sociales y económicas, caracterizado también por la modernización capitalista e  
industrialización (Rostica, 2006). Entre las acciones implementadas destaca la creación del Código de Trabajo y  
del Seguro Social en el gobierno de Arévalo y la Reforma Agraria durante el periodo de Jacobo Árbenz. Sin  
embargo, con la intervención de los Estados Unidos y la contrarrevolución en 1954, los procesos de cambio  
fueron obstaculizados por grupos de poder y la oligarquía guatemalteca. A partir de la contrarrevolución, la  
llegada de gobiernos autoritarios liderados por militares motivó el descontento de la población, creando  
desconfianza y alejándose de los cambios históricamente demandados, reforzando así la falta de una democracia  
real en el país.  
Carlos Figueroa Ibarra (1990) indica que el modelo de acumulación impuesto en Guatemala desde 1954 es el  
resultado del proceso histórico vivido por el país y es parte de la cristalización de una cultura de terror. Figueroa  
(1991) identifica tres olas de terror desde 1954. La primera fue en el contexto de la contrarrevolución dirigida  
por Castillo Armas (1954), la cual cumplió la función de desarticular a un movimiento obrero, campesino y  
popular. La segunda ola de terror puede ser observada entre 1966 y 1971, que cumplió la función de desarticular  
al movimiento revolucionario, expresado a través de la guerrilla urbana y rural. Por último, la tercera ola de terror  
7
empezaría con la masacre de Panzós en mayo de 1978 , la disolución violenta de manifestaciones populares por  
reivindicaciones económicas y libertades democráticas, así como el asesinato del dirigente estudiantil Olivero  
Castañeda de León el 20 de octubre de 1978.  
En el contexto de la guerra fría, el enfrentamiento entre dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión  
Soviética, que disputaban a través de una lucha violenta el orden mundial, influyó las políticas del Estado de  
Guatemala al combatir la ‘amenaza comunista’ y su oposición a quienes cuestionaran los regímenes autoritarios.  
Todo esto enmarcado en la Doctrina de Seguridad Nacional como parte de la política exterior de Estados Unidos  
al garantizar el orden interno y combatir a las organizaciones y movimientos que pudieran apoyar al comunismo.  
EL INICIO DE LA GUERRA  
La guerra en Guatemala inició en 1960, pero fue hasta década de 1970 cuando la guerrilla llegó al departamento  
de Huehuetenango, en donde la población indígena huehueteca estaba cansada de tantos abusos y  
7
La masacre de Panzós fue la ejecución de 53 indígenas q’eqchi’ quienes se encontraban manifestando frente a la  
municipalidad en reclamo a la propiedad de la tierra. La masacre marcó un momento en la historia y una escalada de violencia  
que evidenció el papel contrainsurgente del Estado.  
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