Revista de Historia, Patrimonio, Arqueología y Antropología Americana  
http://rehpa.net/ojs/index.php/rehpa  
Año 2021, No. 4, Enero (114-132)  
ISSN: 2697-3553  
https://doi.org/10.5281/zenodo.4516977  
Discursos de poder frente al patrimonio monumental de las iglesias del  
Centro Histórico de Quito. Los templos de El Robo y El Belén, las iglesias  
al límite  
Discourses of power against the monumental heritage of the churches of the  
Historic Center of Quito. The temples of El Robo and El Belén, the churches on  
the edge  
Wendy Palacios Osorio1  
Laura Falceri2  
1Gestora Cultural Independiente, Quito, Ecuador (wendyef.wp@gmail.com) https://orcid.org/0000-0001-7145-7903  
2Universidad Politécnica Salesiana, Quito, Ecuador (lfalceri@ups.edu.ec) https://orcid.org/0000-0001-9357-6946  
Recibido: 26 noviembre 2020; Aceptado: 28 diciembre 2020; Publicado: 2 enero 2021  
Resumen  
El Centro Histórico de la ciudad de Quito, ha sido considerado como uno de los mejores conservados de América  
Latina, razón por la cual recibió el reconocimiento, desde la UNESCO, como Patrimonio Cultural de la Humanidad.  
Sin embargo, esta declaratoria ha generado debates en torno al uso y disfrute de este espacio como un sitio  
meramente turístico con carente sentido de comunidad, identidad y simbolismo, que aleja a los propios  
habitantes de la comunidad. Es por esto que en este estudio se pretende dar a conocer, desde una visión amplia  
y global, los procesos de varios centros históricos, las normativas que los han regulado y la influencia de las  
industrias culturales, para finalmente contar una historia distinta, tras los discursos de poder, que pueda sentar  
las bases para entender desde otra perspectiva la noción de patrimonio y la oportunidad de generar nuevos  
espacios culturales desde los sectores que corresponden específicamente a las iglesias de El Robo y El Belén.  
Palabras clave: Centro Histórico, memoria, patrimonio, identidad, territorio.  
Abstract  
The Historic Center of the city of Quito has been considered one of the best preserved in Latin America, which is  
why it received recognition, from UNESCO, as Cultural Heritage of Humanity. However, this declaration has  
generated debates about the use and enjoyment of this space as a purely tourist site with a lack of community,  
identity, and symbolism, which distances the inhabitants themselves from the community. That is why this study  
aims to make known, from a broad and global perspective, the processes of various historical centers, the  
regulations that have regulated them and the influence of cultural industries, to finally tell a different story, after  
the discourses of power, which can lay the foundations to understand the notion of heritage from another  
perspective and the opportunity to generate new cultural spaces from the sectors that correspond specifically to  
the churches of El Robo and El Belén.  
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ISSN: 2697-3553  
https://doi.org/10.5281/zenodo.4516977  
Keywords: Historic Center, memory, heritage, identity, territory.  
INTRODUCCIÓN  
Las declaraciones patrimoniales a cargo de la UNESCO se han convertido en una oportunidad de incentivar al  
turismo nacional e internacional de una localidad, sin embargo, estas declaratorias, cuando se trata de Centros  
Históricos, están en constante debate acerca del aporte o no en el simbolismo local y en la habitabilidad que  
aparentemente se va perdiendo. Para entender los lineamientos que han hecho posible este escrito se hace  
referencia a una visión desde los Centros Históricos en América Latina, las normas y leyes que se han diseñado  
para mantenerlos y potenciarlos, proyectados a una importante y sustancial captación de recursos económicos  
que abastezcan las necesidades locales y/o nacionales.  
Específicamente en el caso del Centro Histórico de Quito y tras la declaratoria de Patrimonio Cultural de la  
Humanidad en 1978, supuso que se generaría una suerte de crecimiento poblacional, atraídos por las posibles  
ventajas del sector, fue así que según la Dirección Municipal de Planificación Quito y su Área Metropolitana Plan  
Director 1973-1993 “Debe establecerse una política enérgica a fin de impedir que aumente la densidad en el  
centro y que esta vaya rebajando paulatinamente hasta llegar a un nivel más bajo y aceptable” (Terán, 2018, p.  
27).  
Pero la realidad de lo sucedido por el impacto de la declaratoria fue otra, lo demuestra el cuadro del INEC,  
elaborado por Henri Godard donde se evidencia que la población que habitaba en el Centro Histórico en el área  
Patrimonial ha disminuido de 77.890 habitantes en 1982 a 47.904 en 2010 en una superficie de 373 hectáreas,  
demostrando la significativa disminución de población local y una proyección similar para el futuro.  
Los espacios habitables en el Centro Histórico han perdido interés en una población que busca sitios cómodos,  
seguros y modernos, los habitantes tradicionales de este sector se han desplazado en busca de un distinto estilo  
de vida que trae consigo una significativa pérdida de elementos simbólicos de la memoria histórica de una  
localidad y como consecuencia; un desconocimiento de lo territorial y desarraigo simbólico identitario frente a  
la patrimonialidad existente, que, podría traer consigo, un posible descuido del aspecto arquitectónico.  
Esta despoblación genera que el Centro Histórico se convierta en un lugar meramente turístico y transitorio, lo  
que ha puesto en riesgo de desaparecer la oralidad, a decir de Rosemarie Terán las leyes y políticas que han  
acompañado la patrimonialización del Centro Histórico “instalaron la problemática en una frontera ambigua, y  
difícil de gestionar, entre la rentabilidad económica del bien y la preservación” (Terán, 2018, p. 32).  
El territorio en que confluye estas identidades se caracterizan por ser el espacio de interacción, no sólo físico,  
sino un lugar simbólico de tránsito humano que lleva consigo una rica experiencia de la expresión cultural:  
las territorialidades se refieren a comportamientos desplegados en el territorio que se relacionan con la idea de  
cómo se llega a habitar y permanecer en un espacio sobre el cual se impone ritmos de vida y formas de interactuar  
con lo ambiental y con otros, más o menos distintos, más o menos similares (Ther, 2012, p. 5).  
Las áreas tangibles-arquitectónicas patrimonializadas del Centro Histórico de Quito se han definido más por su  
monumentalismo estructural, decorativo y de tránsito turístico, que, por su simbolismo, dos de ellas son: la  
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iglesia de El Belén y El Robo. Dos pequeños templos usados en época colonial como centros de celebración  
religiosa, especialmente indígena.  
Su existencia a los extremos norte y sur respectivamente, marcaban el inicio y fin de la ciudad. “Hannan y Hurin”,  
sistema de división poblacional usada antes de la colonia y que se conservó aún después de ella, asegura Galo  
Ramón Valarezo (Terán, 2018, p. 54). Es por esto que son estos templos el tema de estudio en el que se pretende  
visibilizar los procesos históricos por los que han pasado, su estado actual y su permanencia en el futuro como  
lugares de encuentro, más que religioso, simbólico y cultural.  
Las iglesias de El Belén y El Robo son el ejemplo de los templos a los cuales se les ha excluido de las visitas  
turísticas guiadas, de las historias que se enseña en las escuelas o de los discursos oficiales al momento de  
propiciar eventos como “La fiesta de la Luces”, es por esto se pondrá en evidencia la importancia que desde el  
patrimonio material no tradicional del Centro Histórico de Quito se puede generar nuevas experiencias que  
revaloricen estos espacios.  
Estas iglesias son el reflejo del trabajo indígena que las levantó para contar sus propias historias, son estos  
espacios los que les servirían para desahogar sus penas y llorar sus temores y es por esto que las gruesas paredes  
de más de un metro que conforman estos sencillos templos tienen guardado una riqueza histórica de la que poco  
o nada se hace mención.  
Por su parte las entidades gubernamentales locales no las han promocionado como sitios alternativos de  
encuentro o simbología cultural y los recursos que destinan a la salvaguarda del patrimonio del Centro Histórico,  
está focalizado en las iglesias tradicionalmente más visitadas, lo cual no permite potenciar nuevas maneras de  
entenderlas, lo que ha ocasionado un bajo interés por visitar y conocerlas.  
Estos templos que también son parte de la declaratoria, podrían ser los espacios para brindar una distinta manera  
de ver lo patrimonial y generar procesos identitarios que tengan como efecto que la parte de la población que  
poco o nada están inmersos en esta discursiva, puedan conocer nuevos espacios discursivos que generen un  
mayor interés por parte de las autoridades para su conservación y cuidado  
Dejar de lado la invisibilización de la mano de obra indígena en la construcción y ornamentación de las iglesias  
coloniales y poner en evidencia su importancia, es un proceso que amerita discusión, pues según los estudios de  
Susan Webster se pone en manifiesto que “en los centenares de contratos para obras artísticas y arquitectónicas,  
casi no aparecen las categorías de mestizos, negro o mulatos, lo cual indica el dominio de los indígenas, europeos  
y criollos sobre estos oficios” (Webster, 2012. p.2).  
Pero esto no es una tarea sencilla pues es necesario preguntarse ¿Cómo gestionar el patrimonio cultural para  
generar nuevas maneras de entender la importancia de lo material, ya existente, en los procesos identitarios? Y  
así poder dejar de lado el concepto que los templos coloniales del Centro Histórico de Quito son lugares  
meramente de religiosidad, sino que son parte de una historia desde donde se pueda entender la importancia  
del patrimonio intangible que se genera a partir monumentalismo.  
El presente trabajo pretende aportar con elementos simbólicos sobre la importancia del patrimonio material y  
patrimonio inmaterial como generadores de discursos que demuestren que estos templos pueden ser vistos a  
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manera de territorio habitacional o turístico, pero también pueden generar nuevos procesos en el abordaje de  
la identidad local y el quehacer cultural.  
Finalmente se hará una mención de la influencia de la creación de las estaciones del metro en lugares cercanos  
a la iglesia de El Robo y el Belén y como, a través de la gestión se puede generar nuevos discursos que incluya a  
la comunidad aledaña a estas iglesias.  
RESULTADOS y DISCUSIÓN  
Centros Históricos potenciados por las industrias culturales.  
Partiendo de las premisas posmodernistas que Gergen (1985) expone acerca de la noción de construccionismo  
social como una manera en que se “pretende mostrar la forma en que las personas llegamos a describir, explicar  
o dar cuenta del mundo en el que habitamos” el conocimiento de la experiencia humana y la manera en que  
construye una identidad está ligado al espacio en el que habita y las concepciones que tenga al respecto del  
mismo.  
El lenguaje como medio constructor, es el canal por el cual podemos interpretar y dar un significado a la realidad  
que vivimos (Cifuentes & Rojas, 2016) entonces, las sociedades se construyen a través de identidades que se  
encuentran, necesariamente, ligadas a un espacio físico-territorial, es por esto que la imagen de los Centros  
Históricos, se constituyen como espacios con lenguaje propio, ligado a un sentido de pertenencia e identidad.  
El concepto de Centro Histórico es relativamente nuevo, surge en la década de los sesentas y parte a raíz de una  
serie de convenciones que mencionaremos en detalle más adelante, y por la necesidad de comprender el valor  
del conjunto urbano como una plataforma de innovación para la gobernabilidad y sostenibilidad económica y  
social capaz de resolver los problemas que los caracterizan, pero no es sino desde la década de los setentas que  
empiezan a aplicarse.  
Las ciudades italianas fueron las pioneras en enfrentar la problemática de los Centros Históricos, que eran  
considerados como espacios de anti- progreso y un desmesurado incremento de pobreza focalizada,  
anteponiendo la necesidad de concebir estos espacios como un territorio de innovación, originalidad y  
creatividad expuesto a la mejora de la esfera urbanística que tienen la capacidad de generar nuevos paradigmas  
de acción transdisciplinaria que enfrenten los grandes retos de estas zonas de la ciudad (Rodríguez, 2008, p. 55).  
En vista de aquella necesidad debieron renovarse para atraer al turista local y extranjero y potenciarse para  
poder brindar servicios que resulten atractivos y sostenibles, y es gracias al nacimiento de las industrias  
culturales, que se reconoce el potencial competitivo de una localidad y comprende que son espacios ideales para  
generar empleos e ingresos estables ya que poseen un elevado talento humano que es beneficiario de manera  
más equitativa, de los ingresos que se producen (Alonso & Ríos,2010).  
La UNESCO reconoce la importancia y define a las industrias culturales como “aquellas que producen productos  
creativos y artísticos tangibles o intangibles para crear riqueza y generar ingresos a través de la explotación de  
los activos culturales” para el consumo masivo (Adorno, 1944) y que están fuera de las actividades económicas  
tradicionales.  
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Los Centros Históricos son entonces de una importancia social destacada y el reconocimiento de estos espacios  
como sitios de encuentro son importantes para la memoria colectiva de una sociedad que se identifica con estos  
símbolos estructurales que cuentan el pasado de una población.  
La humanidad ancestralmente ha buscado agruparse, asociarse, organizarse y generar conocimientos que sean  
transmitidos y reproducidos, como los señala Tirzo Gómez y Guadalupe Hernández (2010):  
La humanidad genera tantas culturas como grupos sociales existen, cada uno con su propia historia, lógica y  
significación, convirtiendo a los seres humanos en sujetos portadores de cultura: seres que comparten universos  
simbólicos que son constantemente socializados a través de procesos educativos” (p. 13).  
Estos procesos educativos son intergeneracionales y buscan satisfacer las necesidades culturales a través del uso  
de la memoria histórica como herramienta que conserva sus manifestaciones culturales específicas en búsqueda  
de la no extinción de las mismas, en donde cada individuo contribuya al desarrollo de un estado, nación o  
sociedad donde se pueda convivir tomando en cuenta que “la nación no deja de ser una simbolización colectiva  
conformada como un campo de lucha permanente” (Rancière, 2016) donde se debe invertir en nuevos espacios  
de significación y apropiación simbólica (Inda, 2018, p. 57).  
Pero estas naciones no solo son entes configurados por espacios territoriales sino que en ellas habitan personas  
con pensamientos y criterios cambiantes e innovadores y la participación de estos individuos activos deben  
convertirse en verdaderos entes creadores que confluyan con la realidad local generando políticas y asumiendo  
la responsabilidad de las mismas, convertirse en sujetos que ocasionen un aporte pensando en el derecho de  
todos a disminuir las desigualdades sociales, evidentemente existentes (Inda, 2018).  
Podemos decir entonces que, los Centros Históricos son espacios idóneos para poner en práctica nuevos  
proyectos enfocados a la conservación y difusión de la cultura local y son los gobiernos los encargados de  
promulgar leyes que apoyen la expansión de proyectos culturales que son meramente humanos y que  
aprovechan los espacios patrimoniales ya existentes para potenciarlos y beneficiar a varios actores inmersos,  
tanto dentro, como fuera del proyecto, esto sin mencionar el interés que podrían despertar en públicos masivos.  
Por esto se puede inferir que las industrias culturales son la solución para posibles problemas locales ya que tiene  
un especial (Inda, 2018) interés por promover sectores intensivos en talento y altamente generadores de valor  
agregado competitivos en las demandas actuales y la globalización (Alonso & Ríos, 2010).  
Conservación de los Centros Históricos  
Tras los graves destrozos postguerras a inicios del siglo XX y la devastación física de los ejes simbólicos de  
nacionalidad e identidad ubicados en los Centro Históricos a nivel mundial, se vio la necesidad de consolidar  
políticas que permitan legislar a las autoridades locales con apoyo internacional para el mantenimiento y  
conservación de estos espacios y, que en la actualidad siguen siendo modelos de aplicación.  
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“La valorización turística de los legados monumentales no siempre estuvo acompañada de una coherente política  
de intervención que garantizase su conservación” (Cabrera Hanna, 2017, p. 203) es por eso que se crean normas  
generales para el cuidado de lo patrimonial.  
La Carta de Atenas de 1931 y 1933 que con afán de reconstrucción post- primera guerra mundial, buscó cimentar  
las bases de lo que hoy será política de muchos gobiernos que usan para resguardar su Patrimonio Material y  
consecuentemente Inmaterial.  
Posteriormente aparecen, entre otras, la Carta de Venecia 1965 y las Normas de Quito 1967. Se implementa los  
conceptos de Patrimonio monumental material como lugares:  
Cargados de un mensaje espiritual del pasado, las obras monumentales de los pueblos continúan siendo en la vida  
presente el testimonio vivo de sus tradiciones seculares. La humanidad que cada día toma conciencia de la unidad  
de los valores humanos los considera como un patrimonio común, y de cara a las generaciones futuras, se  
reconocen solidariamente responsable de su salvaguarda. Debe transmitirlos en toda la riqueza de su autenticidad  
(
Carta de Venecia 1964).  
La reconstrucción y conservación de espacios materiales patrimoniales, se convirtió en un nuevo eje de labor  
institucional, pero en algunas ocasiones, las autoridades locales, en su afán por reconstruir, no han llegado a  
captar la esencia misma de la construcción primigenia, alejándose del estilo original, por ejemplo “en Italia en  
los años cincuenta se destruyó más con la reconstrucción que lo que habían destruido los bombardeos” (Cesari,  
1993, p. 279).  
En otros casos se han dotado a esos Centros Históricos con nuevas edificaciones de estilo moderno que carecen  
de lógica arquitectónica con el conjunto monumental o “en los casos más brutales, la propia trama urbana es  
alterada con ensanches de calles y autopistas para facilitar el desmedido incremento del tráfico vehicular”  
(Rodríguez, 2008, p. 54).  
En el caso de los países Latinos, su factor común es la influencia de la cultura europea en sus edificios  
patrimoniales y la forma de trazar sus calles circundantes, ya que las ciudades fueron el resultado de una  
conquista que destruyó gran parte los vestigios ancestrales para dar paso a los estilos de sus conquistadores.  
Muchas de ellas se convirtieron en las ciudades españolas cuyas edificaciones se mantienen hasta la actualidad  
en países como: Ecuador, Perú, Venezuela, Colombia, Bolivia, México.  
La conservación de estos espacios ha llamado a estudiosos de diversas áreas a asumir el rol de realizar  
investigaciones acerca de los espacios tangibles e intangibles que giran alrededor de estructuras que datan de  
quinientos años, aproximadamente, pero que su acervo cultural lleva muchos años antes de la construcción de  
los mismos, es por esto que es importante su conservación y restauración de los espacios patrimoniales que aún  
siguen en pie.  
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Cartas, Normas y procesos de conservación de los Centros Históricos  
La ocupación de muchos de los espacios que ahora son declarados patrimoniales, fue, en una buena parte de  
ellos, de origen religioso. Las comunidades católicas en tierras latinoamericanas fueron las encargadas de  
levantar templos y casas de retiro, no sólo para la habitabilidad sino como espacios de concentración y  
evangelización.  
Pasado el tiempo, algunas de estas congregaciones religiosas sufrieron el exilio, (como es el caso de los Jesuitas  
en Ecuador) dejando los espacios en manos del estado y como consecuencia, sufrieron la desocupación y  
descuido. Los estados con ánimo modernista reestructuraron algunas fachadas y los ocuparon en hospitales,  
escuelas, cuadras de tropa o edificios de uso político y militar.  
Las Cartas de Atenas, Venecia y las Normas de Quito, son convenciones relativamente nuevas que buscan  
rescatar esos espacios que por muchos años perdieron importancia, sustentándose en que “La idea de espacio  
es inseparable del concepto de monumento, por lo que la tutela del Estado puede y debe extenderse al contexto  
urbano, al ámbito natural que lo enmarca y a los bienes culturales que encierra” como se cita en las Normas de  
Quito en el inciso: de las consideraciones generales artículo 1 (1967).  
Los estados y gobiernos locales tienen la responsabilidad de salvaguardar los espacios patrimoniales tomando  
en cuenta factores como: el paso de los años, las inclemencias climáticas, los fenómenos naturales y la misma  
destrucción humana. Estos sitios deben conservarse como un legado cultural y una innegable parte de la  
identidad local.  
Sin embargo han sido muchos los factores que no han hecho posibles y viables los procesos de conservación y  
restauración, es por esto que en la Carta de Atenas se establece en su inciso tercero que “los problemas de la  
preservación de los sitios históricos serán resueltos a través de la legislación a nivel nacional para todos los  
países” buscando, en medida de lo posible, una cooperación internacional en aras de la retroalimentación de  
modelos que hayan tenido efecto positivo en la puesta en práctica de estas normativas.  
El trabajo interestatal, es una buena manera de lograr alianzas que aporten a los procesos de restauración, en la  
Carta de Atenas se menciona y rinde homenaje al trabajo del Gobierno Helénico por la aceptación de la  
colaboración de arqueólogos y conocedores del arte de varios países para estudiar y recuperar algunos sitios de  
excavación y monumentos de la antigua Grecia.  
Los procesos de restauración y conservación deben ir más allá de procesos artístico-individuales, pues debe  
prevalecer el valor de lo originario en los mismos “la incorporación de elementos acordes a gusto y moda actual,  
no es lo recomendable en el rescate monumental, de hecho, la tarea del restaurador ha de ser, en buena medida,  
anónima” (Gutiérrez, 2007, p. 198).  
La Carta de Venecia señala que:  
La noción de monumento histórico comprende la creación arquitectónica aislada, así como el conjunto urbano o  
rural que da testimonio de una civilización particular, de una evolución significativa, o de un acontecimiento  
histórico. Se refiere no sólo a las grandes creaciones sino también a las obras modestas que han adquirido con el  
tiempo una significación cultural (artículo 1 de las definiciones).  
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En América Latina se han cambiado de manera sustancial algunos de los espacios patrimoniales, como es el caso  
del convento de Santa Catalina en Buenos Aires - Argentina, construcción que data de principios del siglo XVII,  
Parte de su estructura fue reemplazada por edificios nuevos. Otro ejemplo es la demolición de la Manzana de  
San Juan, centro de las monjas clarisas, para dar paso a un moderno hotel (Gutiérrez, 2007, p. 189).  
En vista de lo mencionado, las Cartas y normas vigentes anteponen la importancia de la conservación de los  
espacios patrimoniales y la necesidad de crear entes que se encarguen del cuidado, restauración y conservación  
del bien patrimonial con políticas de salvaguarda, inventarios, talleres, laboratorios, restauraciones, estudios de  
casos monumentales, etc., tomando en cuenta a los monumentos, museos, iglesias, obras de arte, etc., no como  
piezas aisladas sino como parte de un conjunto que contiene un rico simbolismo cultural.  
La conservación patrimonial en América Latina ha sido paulatina, en Brasil, a partir de 1937, creó el Servicio de  
Patrimonio Histórico Artístico Nacional (SPHAN) enfocado en